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TRASHUMANCIA-HISTORIA

La trashumancia es una actividad tradicional de la ganadería herbívora extensiva que, condicionado por una climatología muy marcada, busca pastos alternantes a lo largo del año en distintos territorios, produciéndose con ello unos movimientos grupales de los animales se desplazan durante días e incluso semanas.
Las rutas e itinerarios por donde discurre o ha venido discurriendo tradicionalmente el tránsito ganadero ostentan la condición de vías pecuarias. En origen son el resultado de la antropización de las antiquísimas rutas migratorias, mientras que su historia administrativa se remonta almenos dos mil años atrás, cuando Vespasiano incorpora las servidumbres pecuarias al imperio, emulando así el domino público –res extra comercium–. No obstante, y pese a su posterior regulación punitiva durante la alta edad media, en el derecho visigodo (código de Leovigildo, breviario de Alarico, Liber Iudiciorum, o Fuero Juzgo), la actividad del movimiento trashumante durante la baja edad media adquirió tal magnitud que alumbró organizaciones como la Mesta castellana, de la mano de los privilegios del rey sabio, Alfonso X de Castilla y, aún medio siglo antes, la Casa de Ganaderos de Zaragoza fundada por Jaime I de Aragón en 1218.

Los ligallos, o lligalls, fueron concejos que, igual que las mestas, dirimían conflictos derivados del trasiego del ganado por las veredas y azagadores del territorio de la antigua corona de Aragón, y ambos estamentos se beneficiaron de numerosos privilegios reales hasta convertirse, sobre todo la Mesta, en uno de los gremios más poderosos de toda la Europa medieval. Pero entre ambas instituciones existieron grandes diferencias, una fuerte jerarquía administrativa en la organización castellana en contraposición a la nuestra, la aragonesa, con una mayor dependencia del derecho consuetudinario y aforamiento local.
Por otra parte, nuestra estructura pecuaria es mucho más numerosa que la castellana, aunque de menor amplitud, de ahí que nos encontremos en territorio “azagador” (senda por donde los animales deben ir azagados, esto es, de uno en uno; RAE), el cual subsistiría hasta la creación de la Asociación General de Ganaderos del Reino en 1836, y a pesar del advenimiento de la dinastía borbónica y la instauración del Decreto de Nueva Planta.

Las desamortizaciones impulsadas por las políticas liberales, durante la segunda mitad del siglo XIX, junto a las reformas agrarias y el desarrollo del ferrocarril, iniciarán el punto de inflexión de la actividad trashumante y, con ello, el declive paulatino de las vías pecuarias y la mayor permisividad de la intrusión agraria en estos espacios públicos.
Durante el siglo pasado la trashumancia, y en nuestro caso particular los movimientos trasterminantes, fue languideciendo de la mano de una normativa pecuaria pensada para desamortizar estos espacios por falta de uso. Pero la sensibilidad social que comenzó a medrar a partir de la Constitución de 1978 se tradujo en la Ley 3/95 de Vías Pecuarias, una norma que supuso todo un aldabonazo para su protección, tanto en su vertiente pecuaria como patrimonio-cultural y medioambiental.

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